El proceso de siempre: el cliente os pide precio, le dedicáis tiempo a preparar una propuesta a medida, os da el visto bueno inicial... y de repente, desaparece del mapa. Cero señales de vida.
En nuestro equipo, la norma actual es enviar un único recordatorio amable a los siete días. Si tras eso no hay respuesta, archivamos el proyecto. Sin embargo, nos queda la duda constante de si estamos tirando la toalla demasiado pronto o si, por el contrario, insistir más resultaría molesto y contraproducente.
Nos encantaría conocer vuestra experiencia.